Birgit y Ziley

Tanto Ziley en su pequeño pueblo chileno (1956, Coihueco, Ñuble) como Birgit en su próspera ciudad alemana (1962, Wiebaden, Hessen) , ambos, sin saberlo y sin tener la más remota sospecha de la existencia el uno del otro, -en paralelo- encontraron en la escritura autobiográfica la barca terapéutica que les permitió no zozobrar en el duro oleaje emocional de sus infancias.

Porque la de ambos fue marcada por el sufrimiento, el miedo, la soledad y el abandono ontológico. Al punto que uno encontraba en la lectura mística de Teilhard de Chardin hecha junto a la alta cordillera de los Andes y la otra en los bosques del Taunus alemán, recorridos en bicicleta con un libro de poemas de Hölderlin y Novalis bajo el brazo, aquellas respuestas a los enigmas que tanto les acosaban sus tensionadas existencias.

Pero lo que en verdad evitó que la madre de Birgit y el padre de Ziley no quebraran sus espíritus con sus rigores y dureza extremos, fue descubrir desde muy niños la llave de la Ontoescritura y antes de fundarla ellos mismos: el gran consuelo de la escritura emocional. Entonces, para poder perdonar y amarlos de verdad, ambos intuitivamente llenaron innumerables cuadernos con letras y más letras que en las noches les regalaban los significados perdidos a las abundantes lágrimas derramadas durante el día. O bien viceversa: en las mañanas el lápiz pasaba a ser el precioso compañero que venía a justificar de sentido los terribles insomnios a los que los sometían esos “maestros disfrazados” de dureza con que quisieron camuflarse sus padres.

Hasta que un buen día, sus caminos se encuentran en Santiago y se descubren portadores del mismo fuego: la experiencia sanadora de la escritura autobiográfica y la autoredención desde los mismos relatos. Deciden entonces unir sus destinos para seguir narrando a dúo la apasionante experiencia de estar vivos, y que esa misma potencia, recíprocamente compartida ahora en un relato mítico del Amor, también iluminar el camino de otros con y desde la propuesta de la Ontoescritura.

Hoy, junto a los diversos talleres y cursos que imparten por los caminos de Latinoamérica, escriben sus dos primeras obras en común: La enseñanza de las pequeñas cosas y Resignificando la experiencia de amar. Ambos libros de próxima edición están todavía en construcción, tal como lo está la identidad y el destino de ellos y el de todos: en permanente construcción y siempre resignificando la mala edición de la vida que hace ese pobre cuento que nos contamos con aquello que nos pasa.


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